La más variada fauna, entre pensamiento, imagen, poesía y erotismo: ¡todo!, en definitiva.

25.11.07

DETRAS DEL MOSTRADOR

No puedes envolverte en el tejido ambiguo de las palabras sin supurar sentidos concretos y demorarte compungida en versos de almacén. Mirarás por la ventana torpe de la cocina y el humo de la esquina la mesa que arde en la esquina rosada del café donde el tabaco aúlla de dolor ante la brasa devoradora como el mirar de un ciego. Buscarás oculta en tu gratitud y tu olor a frito, en ese rito de estar detrás de las mesas como un ocaso, el sol intuido pero borrado. El humo elevará una historia y la llevará a morir contra el cielorraso del bar, contra el techo tan igual a la última vez, la última vez que disfrazada de lo que eres enjuagaste tu sexo pletórico de jugos en la cara del hombre que piensa, no no piensa, tal vez recuerde, tal ver muerda la cuerda silenciosa de la pérdida, de la ausencia y quisieras correr y sentarte frente a él que fuma, que quema su tiempo y gritarle que allí estás con tu olor a pescado frito, dispuesta a la ceremonia eterna de olvidarlo cuando dé la vuelta, cuando la ceniza haya exterminado hasta la idea de la existencia, cuando el humo y el perfume rancio de tu cuerpo y el agua de la acción o la fragancia francesa de él que sueña que muere cada cinco minutos que desbroza no la margarita sino la vida que se le va en la imagen de la sangre, de la sangre que dibuja los mismos dibujos del humo pero en la tersa piel de la locura y se pierde en las canaletas oscuras cuya interfase son los inodoros de los hoteles baratos, cercanos a las fondas, a los bares donde el solitario se siente más solo y asume el castigo e intensifica un desvarío, una desidia. La sangre y el humo copian tu mirada, y el hombre copia el destino curvilíneo y azaroso de reloj de arena de la vida en un papel. El hombre imita la sangre y el humo con su estilográfica. La tevé despierta una canción y vos desde el rincón más rincón que el de la esquina en el extremo del bar pensás que tendrías que haber sido cantante pero ya nadie canta en los bares sin karaoke, que tendrías que haber sido cantante y compositora, para tejer con la sangre de la estilográfica que humea ahora rastros en manos de ese hombre, para enhebrar el olvido en un blues, el blues del escritor solitario, del escritor fracasado, del escritor que fumando espera en la esquina rosada como una figura de cera que te meterías en la boca hasta que en la garganta se ablande, hasta que chorree, hasta que la cera tenga el sabor del semen y tape todos tus otros olores, los olores de la vida, de tu vida detrás de un mostrador, o un poco más lejos, en la cocina, mirando al hombre para el que te disfrazaste de lo que sos, a través de un hueco rectangular, como un gran televisor, un espantoso televisor.

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7 Comments:

Blogger anais said...

Bonita escena que, seguro, no ocurre en la Cuidad de Buenos Aires... Aquí, ya nadie puede, en un bar, esperar fumando...

10:50 p. m.

 
Blogger TICTAC said...

Tan descriptivo, agudo que pude ponerme en su lugar, leyendolo..un lugar terriblemente desolador, triste..hay muchas vidas asi' detras y adelante del mostrador.

El hombre imita la sangre y el humo con su estilográfica...me ha gustado.

Un saludo, mientras aca' cae la nieve.

8:01 a. m.

 
Blogger Jorge Alberdi said...

anais:
no sé cómo se arma la escena: seguro que con fragmentos de imágenes de muchos lugares y muchas personas, en especial en este tipo de relatos poemas donde hay mucho de compulsivo, y el hilo se teje más con el sonido que con las ideas. Pero, arriesgaría a que también en Buenos Aires, hombres que están solos y esperan, mujeres que desean, seres sin su blues, todavía hay. Habrá que buscarlos y sacarles las últimas fotos, o componerles su canción.
Un beso.

11:55 a. m.

 
Blogger Jorge Alberdi said...

TicTac:
agradezco el comentario. Es muy importante para un escritor 'saber' que el otro puede ponerse en la piel del personaje, o habitar el espacio creado como real. Esto es lo bueno del blog, que permite el retorno.
Un abrazo

11:58 a. m.

 
Blogger anais said...

Corazón, hombres que están solos y esperan, si. Mujeres que desean, también. Lo que ya no hay es ni hombres ni mujeres fumando adentro de los bares... Rige la LEY ANTITABACO, no lo olvides... O sea, que o elegís uno de esos bares bastante exclusivos, que tienen un "Salón fumadores", o te vas a fumar a la vereda. Pero, ya no, fumar sentado en una mesa adentro de un bar común, de esos bonitos, que todavía quedan...

2:11 a. m.

 
Blogger Jorge Alberdi said...

Ok Anais, te referías a la prohibición. Es cierto, aunque no en todos los bares se respeta, y ahí te reconozco que en ciudades del interior la cosa es más flexible. Ahora, existe lo que se llama la lógica interna del relato, o las convenciones que se establecen entre lector, autor y texto. En algún relato del género fantástico, los hombres vuelan, en otros, chupan sangre para vivir, digamos que en este, en los bares permiten fumar. O nos queda otra, que el texto tenga sus años desde que se lo escribió. No sé, puedo hacer que no fume, pero hay un montón de figuras, imágenes, que no podría evocar, en fin, mis disculpas. Pensá que dentro de poco, con esta historia del sexo virtual, hasta la evocación de un coito físico, será un anacronismo.
Besos

7:53 a. m.

 
Anonymous ella y su orgía said...

Es muy triste eso de que la gente sólo cante parapetada tras el micro de un karaoke. Desde luego, ya nada es lo que era.

Besos orgiásticos.

3:58 p. m.

 

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